Las prostaglandinas aparecen cuando lees el prospecto de un antiinflamatorio, cuando te explican cómo se induce un parto y también cuando comparas sérums de pestañas. Son la misma familia de sustancias en los tres casos, y eso desconcierta. Aquí vas a ver qué son exactamente, qué hacen en tu cuerpo, en qué se diferencian de los análogos sintéticos que fabrica la industria y por qué su presencia en un cosmético no es un detalle menor.
Qué son las prostaglandinas
Las prostaglandinas son sustancias que fabrica tu propio cuerpo a partir de un ácido graso, el ácido araquidónico, presente en la membrana de casi todas tus células. No son hormonas en sentido estricto, aunque se les parecen: una hormona viaja por la sangre hasta un órgano lejano, mientras que la prostaglandina actúa donde se ha producido y se degrada en segundos.
Por eso se las llama mediadores locales. Se sintetizan a demanda, cumplen su función en el tejido donde nacen y desaparecen. Casi todos los tejidos del organismo pueden producirlas.
Su descubrimiento explica el nombre, que resultó ser un error afortunado. En los años treinta, el sueco Ulf von Euler encontró en el líquido seminal una sustancia que contraía el músculo liso y la bautizó «prostaglandina», suponiendo que venía de la próstata. Después se comprobó que se producen en todo el cuerpo, pero el nombre ya se había quedado. Von Euler y sus colegas Bergström y Samuelsson recibieron el Nobel de Medicina en 1982 por este trabajo.
Para qué sirven en el cuerpo
No existe «una» función de las prostaglandinas: hay varios tipos y cada uno actúa distinto según el receptor y el tejido. Estas son sus intervenciones principales:
- Inflamación, dolor y fiebre. Ante una herida o una infección, aumentan la permeabilidad de los vasos y sensibilizan las terminaciones nerviosas. De ahí el enrojecimiento, la hinchazón y el dolor.
- Protección del estómago. Estimulan la mucosa que protege la pared gástrica del ácido.
- Contracción del útero. Participan en la menstruación y en el parto.
- Coagulación. El tromboxano, de la misma familia, favorece la agregación de las plaquetas; la prostaciclina hace lo contrario.
- Presión dentro del ojo. Regulan el drenaje del humor acuoso. Esta función es la que conecta con el mundo de las pestañas.
Por qué el ibuprofeno funciona
Los antiinflamatorios como el ibuprofeno o la aspirina actúan bloqueando la enzima ciclooxigenasa (COX), que es la que fabrica las prostaglandinas. Al frenar su producción baja la inflamación, el dolor y la fiebre.
Y también se entiende su efecto secundario más conocido: al bloquear la COX no solo se apagan las prostaglandinas de la inflamación, sino también las que protegen el estómago. Por eso el uso continuado de antiinflamatorios puede provocar molestias gástricas.
Prostaglandinas y parto
Es una de las búsquedas más frecuentes sobre el tema, así que conviene aclararla. Las prostaglandinas maduran el cuello del útero y estimulan las contracciones, y por eso existen medicamentos con prostaglandinas sintéticas que se usan en el hospital para inducir el parto.
Son fármacos de uso hospitalario, administrados y vigilados por personal sanitario. Nada de esto tiene relación con la cosmética, aunque la palabra sea la misma. Si tienes dudas sobre tu embarazo, tu matrona o tu ginecóloga son quienes deben responderlas.
Prostaglandinas naturales frente a análogos sintéticos
Aquí está la distinción que más se confunde, y la que de verdad importa al leer una etiqueta.
Las prostaglandinas naturales son las que produce tu cuerpo. Duran segundos y actúan donde nacen.
Los análogos de prostaglandinas son moléculas diseñadas en laboratorio para imitar ese efecto, pero modificadas para resistir más tiempo antes de degradarse. Esa estabilidad es justo lo que las hace útiles como medicamento: mantienen el efecto horas en lugar de segundos.
Y es también lo que obliga a tratarlas con respeto. Un análogo no es «una prostaglandina natural»: es un fármaco activo a concentraciones minúsculas y con efecto sostenido.
De un colirio para el glaucoma a un cosmético de pestañas
El latanoprost y el bimatoprost son análogos que se recetan en colirio para bajar la presión ocular en pacientes con glaucoma. Con el uso, muchas pacientes notaron un efecto inesperado: sus pestañas crecían más largas y oscuras.
De ese hallazgo nació Latisse, un medicamento con receta a base de bimatoprost aprobado en Estados Unidos específicamente para el crecimiento de pestañas. Después, la industria cosmética empezó a incorporar análogos parecidos en sérums de venta libre.
El mecanismo es real: alargan la fase de crecimiento del folículo, así que la pestaña sigue creciendo más tiempo antes de caer. Funciona. La discusión no es si funcionan, sino a qué precio.
Qué dice la regulación europea
El Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (SCCS) de la Comisión Europea evaluó estas sustancias en cosmética en el dictamen SCCS/1635/21, adoptado el 3 de febrero de 2022. Analizó en concreto el Isopropyl Cloprostenate y el Ethyl Tafluprostamide.
Su conclusión fue prudente y contundente a la vez: no pudo concluir que fueran seguros a las concentraciones estudiadas, por falta de datos. Señaló además que se trata de compuestos farmacológicamente potentes, activos a dosis muy bajas y pensados para aplicarse justo al lado del ojo. Puedes consultarlo en la web oficial de la Comisión Europea.
Mientras ese dictamen no se traduzca en una restricción del Reglamento de cosméticos, estos sérums se pueden seguir vendiendo legalmente. La OCU, tras analizar varios del mercado español, recomienda evitarlos. De momento, la responsabilidad recae en quien lee la etiqueta.
Efectos secundarios descritos
Estos efectos se conocen sobre todo por el uso médico de estas moléculas en colirios, y aparecen recogidos en la literatura oftalmológica y en el informe de la OCU:
- Irritación y enrojecimiento ocular. El más frecuente, sobre todo las primeras semanas.
- Oscurecimiento del párpado. La piel donde se aplica se pigmenta. Suele atenuarse al dejarlo, pero puede tardar meses.
- Cambio de color del iris. Documentado en pacientes de glaucoma: los ojos claros pueden volverse más oscuros. Se considera irreversible.
- Pérdida de grasa alrededor del ojo. Da aspecto de ojo hundido.
- Crecimiento de vello donde el producto gotea.
No todas las usuarias los experimentan, y la intensidad depende de la concentración y de cada persona. Pero son riesgos descritos que el envase rara vez menciona.
Cómo saber si un producto lleva análogos de prostaglandinas
Casi ningún envase escribe la palabra «prostaglandina». Aparecen en la lista INCI con nombres largos que pasan desapercibidos. La regla rápida: desconfía de todo ingrediente acabado en -prost, -prostal, -prostenate o -prostenolamide. Los más habituales son:
- Isopropyl Cloprostenate
- Dechloro Dihydroxy Difluoro Ethylcloprostenolamide (Ethyl Tafluprostamide)
- Methylamido Dihydro Noralfaprostal
- Trifluoromethyl Dechloro Ethylprostenolamide
- Dehydrolatanoprost
- Bimatoprost
Suelen ir al final de la lista porque se usan en cantidades minúsculas. Que estén al final no significa que sean inofensivos: precisamente actúan a dosis muy bajas.
Y cuidado con el «sin hormonas»: las prostaglandinas no son hormonas, así que esa frase es cierta y no dice nada. Lo que buscas es «sin análogos de prostaglandinas» y un INCI que lo confirme. Lo explicamos paso a paso en nuestra guía sobre prostaglandinas en sérums de pestañas.
La alternativa: péptidos y extractos botánicos
Un sérum sin análogos no fuerza el folículo: trabaja sobre el entorno de la pestaña para que se rompa y se caiga menos. Con el tiempo más pestañas completan su ciclo y el conjunto se ve más poblado.
Es más lento y más discreto. Los primeros cambios llegan entre las semanas 6 y 8, y el tratamiento completo son cuatro meses, que es lo que dura un ciclo de pestaña. A cambio, se puede usar durante años sin el perfil de riesgo anterior.
Conviene ser honesto también con esta vía: los estudios que respaldan estos péptidos los realizan los fabricantes de los ingredientes, con muestras pequeñas y midiendo el activo aislado. Son un indicio sólido, no una garantía.
El sérum de pestañas Fylash pertenece a esta categoría: sin prostaglandinas ni parabenos, con péptidos y extractos botánicos, fabricado en España y testado dermatológica y oftalmológicamente. Si quieres saber en qué fijarte antes de comprar, lo explicamos en esta guía para elegir un sérum sin prostaglandinas.
Preguntas frecuentes
¿Las prostaglandinas son hormonas?
No. Se comportan de forma parecida, pero una hormona viaja por la sangre hasta un órgano lejano y las prostaglandinas actúan donde se producen y se degradan en segundos. Se llaman mediadores locales.
¿Qué diferencia hay entre una prostaglandina y un análogo?
La prostaglandina la fabrica tu cuerpo y dura segundos. El análogo se diseña en laboratorio para resistir más tiempo y mantener el efecto durante horas. Esa persistencia es lo que lo convierte en un fármaco.
¿Son peligrosas las prostaglandinas?
Las que produce tu cuerpo son parte de su funcionamiento normal. La cautela es para los análogos sintéticos aplicados en cosmética junto al ojo, que es donde el comité científico europeo no ha podido concluir que sean seguros.
¿Por qué hacen crecer las pestañas?
Alargan la fase de crecimiento del folículo, así que la pestaña sigue creciendo más tiempo antes de caer. Se descubrió como efecto secundario en pacientes de glaucoma tratados con colirios.
¿Puedo usar un sérum con prostaglandinas si llevo lentillas?
Es poco recomendable: la irritación ocular es su efecto más frecuente. Si tienes sensibilidad, lentillas o cualquier tratamiento oftalmológico, consulta con tu oftalmólogo antes de usarlo.
En resumen
Las prostaglandinas son mensajeros que tu cuerpo fabrica y consume en segundos, implicados en la inflamación, la protección del estómago, el parto y la presión ocular. Lo que llevan algunos sérums de pestañas no son esas, sino análogos sintéticos diseñados para durar, y ahí está la diferencia que importa.
Funcionan, y por eso se usan. Pero la ciencia europea no ha podido confirmar que sean seguros en cosmética, y la lista de efectos descritos incluye alguno que no se revierte. Saber leer el INCI —buscar las terminaciones en -prost— te devuelve el control de la decisión.